La mayoría de lo que se escribe sobre plantas de interior está traducido del inglés, pensado para un clima húmedo y unas casas que no son las nuestras. Por eso a tanta gente se le mueren: siguen consejos hechos para Londres y los aplican en un piso con la calefacción a tope en enero, el aire acondicionado de cara en agosto y agua dura saliendo del grifo. Aquí no hacemos eso. Cada guía de Frondelva está pensada para tu casa real, con el porqué de cada cosa y sin los mitos de siempre.
Esta página es el punto de partida: te ayuda a encontrar la planta —o la guía— que necesitas. Y si prefieres que lo hagamos por ti, tenemos dos herramientas que no verás en otro sitio: el selector de plantas, que te dice cuál encaja con tu casa en cinco preguntas, y el diagnóstico, que va por síntomas y te lleva del «se me está muriendo» a la causa probable.
Si vives con perro o gato: empieza por las que no envenenan
Esto es lo primero que mira mucha gente, y con razón. De nuestras guías, estas cinco son atóxicas según la ASPCA: puedes tenerlas al alcance del animal sin hacer inventario de hojas mordidas.
- Pilea peperomioides — la que se multiplica sola y acabas regalando. Fácil y atóxica.
- Peperomia — pequeña, aguanta el aire seco y el género entero es seguro.
- Calathea — preciosa pero exigente con el agua; es una diva, te lo avisamos.
- Helecho de Boston — para quien pueda darle humedad de verdad.
- Pachira — el «árbol del dinero», que en realidad son varias plantas trenzadas.
El resto de nuestras plantas son tóxicas en distinto grado (casi siempre molestias de boca y tripa, rara vez algo serio). Lo contamos sin alarmismo en cada guía, con el teléfono del Instituto Nacional de Toxicología (91 562 04 20) por si acaso. Si la convivencia con mascotas es tu filtro principal, el selector lo tiene en cuenta.
Para empezar sin sufrir: las resistentes
Si es tu primera planta o quieres acertar seguro, estas perdonan los despistes y aguantan una casa normal. Son las que recomendamos comprar «sin miedo».
- Poto — la más indestructible; ideal para empezar.
- Monstera — la de los agujeros; más fácil de lo que parece.
- Sansevieria (lengua de suegra) — la que casi puedes olvidar.
- Zamioculca — guarda agua y aguanta lo que le eches encima.
- Ficus elástica / gomero — el de hoja brillante, resistente y de moda.
- Aglaonema — tolera poca luz mejor que casi ninguna.
- Drácena (tronco de Brasil y marginata) — la de toda la vida en recibidores; dura años.
- Pilea y Peperomia — pequeñas, fáciles y atóxicas.
Las que dan más guerra (pero merecen la pena)
No son para empezar, pero si ya tienes una sufriendo —o te has enamorado de ella— aquí está la verdad sin maquillar. Casi siempre el drama tiene una sola causa, y la explicamos.
- Anturio — la de la flor roja que «no vuelve a florecer».
- Espatifilo — la que se desploma y revive en horas; falta y exceso de agua dan el mismo susto.
- Croton — la de mil colores que suelta las hojas en cuanto la mueves.
- Alocasia — la que parece muerta en invierno y solo está dormida.
- Calathea — la diva del agua dura y el aire seco.
- Helecho de Boston — noble pero adicto a la humedad.
¿Y si no sé qué le pasa a la mía?
Para eso está el diagnóstico «por qué se muere mi planta»: eliges el síntoma (hojas amarillas, puntas marrones, mustia, manchas, bichos…), respondes un par de preguntas sobre tu casa y te dice la causa más probable y cómo actuar. Está pensado para el piso español de verdad: radiador, aire acondicionado, agua por zona, sustrato malo de garden.
¿Por dónde empiezo?
Si todavía no tienes claro cuál comprar, deja que el selector te lo diga: cinco preguntas sobre tu casa (luz, mascotas, aire, tiempo y tamaño) y te quedas con las que van a convivir contigo sin morir en el intento. Y cuando una se ponga pocha —pasa hasta en las mejores casas—, el diagnóstico te saca del apuro.